En el caso particular de la problemática que está sufriendo actualmente el hermano país de Honduras, no estoy de acuerdo en que “negociar sea sinónimo de claudicar”, sino más bien, de llegar a un punto intermedio donde se busque y prevalezca el bienestar común y no el particular, a sabiendas que no siempre se puede lograr la totalidad de lo que uno quiere, pero buscando una salida pacífica y duradera, ya que de nada sirve aceptar soluciones para “salir del paso” si luego quedan agudos resentimientos en las partes.
Está claro y demostrado a través de la historia, que la fuerza y las armas nunca ha sido un buen camino para solucionar los conflictos, pero también habrá que preguntarse qué llevó a los hondureños para levantarse en armas.
Si don Manuel Zelaya Rosales, fue electo hace más de tres años por unas elecciones libres y bien habidas y durante ese tiempo dedicó gran parte de su tiempo a un proyecto llamado “el poder ciudadano”, por lo que hacía reuniones con el pueblo, ciudad por ciudad y les indicaba o hablaba sobre las diferencias sociales y de la necesidad de hacer cambios para el bienestar de los pobres.
¿Por qué en setiembre de 2008 no envía el presupuesto general de la República para su aprobación en el Congreso? y en diciembre del año pasado, decreta un aumento de más del 60 % al salario mínimo, lo cual pone al borde de la quiebra al mismo Estado, pues éste no tiene como pagar a los maestros, ni las municipalidades a sus empleados.
Los profesores universitarios entran en una huelga que dura cuatro meses, el número de desempleados aumenta abruptamente y esto provoca mayor inestabilidad.
De pronto aparece la idea de que es necesario hacer una Constituyente, por tal razón, aprovechando las elecciones nacionales de noviembre próximo, promueve instalar una urna adicional para que el pueblo vote si debe o no debe haber una Constituyente.
Debido a ello, todos los sectores le solicitan al Poder Ejecutivo saber por qué se quiere una nueva Constitución, ¿qué es lo que se quiere cambiar?, si la Constitución permite reformas, ¿por qué no solicita reformas?.
En forma inmediata el Tribunal Supremo de Elecciones le indica al Poder Ejecutivo que esta idea de la cuarta urna no se puede realizar pues no está contemplada por ninguna ley y consecuentemente, en sana administración pública, es ilegal.
El Poder Ejecutivo entonces dicta un decreto para realizar una consulta popular y el Tribunal de Justicia y el Congreso le indica que tampoco es esa la vía, pues sólo se puede realizar por medio de un plebiscito o referéndum.
No cabe duda que son precisamente los hondureños quienes deben buscar la salida pacífica al conflicto, sin más derramamiento de sangre y salvando las distancias que en este momento los separan, pero ningún arreglo será posible, a menos que, los países democráticos de América Latina neutralicen la acción distorsionante, de modo que las iniciativas diplomáticas no respondan a propósitos ideológicos, sino a verdaderos objetivos democráticos.
Pero no basta con esto, también se necesita una posición tan activa como constructiva del gobierno de Estados Unidos, que pueda actuar como factor de presión sobre el gobierno de Roberto Micheletti, una insistencia en el “Acuerdo de San José” como referencia para el arreglo, pero con voluntad de transformarlo según las circunstancias, y un sentido de límite y mesura por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA), que hasta ahora ha actuado de forma errática y poco constructiva.
viernes, 14 de agosto de 2009
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